domingo, 13 de enero de 2013

[ Cohete ]

 
 
 
 

Vivo en un cohete hecho de periódico que despega desde huertos de estolas y bufandas de muchos colores que se mueven cuando el viento sopla por las tardes.

He recorrido grandes distancias, visitando lugares desiertos e inciertos, de galopes y conciencias al otro lado de un mar. No importa si es de día o de noche. Puedo viajar con sólo pensármelo. Haciéndome escapar en montones de constelaciones.

Y aunque viajo mucho… siempre estoy en el mismo sitio.

Aquí no hay relojes, aquí no existe el tiempo. Puedo irme y volver en un instante en el que puede parecer largo el viaje, y sin embargo; puedo tardarme y volver sin darme cuenta.

No hay principios ni fines.

Solo las ganas de conocer lo que hay después de la constelación más cercana a mis recónditos  desvelos.

Aquí no vienen los automóviles. No hay direcciones ni códigos postales. No hay casas ni señalamientos. No hay farolas ni antenas. No hay paredes ni anuncios.

Mi imaginación tiene los pies chuecos, duerme de cabeza y tiene dos ojos de arena.

Mi miedo es una sombra que se tumba a mi lado. Pero nunca interrumpe mis pensamientos. Siempre se alimenta de pretextos y no causa espanto.

Mi mejor amigo es un cuaderno con los ojos al revés, tiene dientes amarillos porque toma mucho café. Tengo un espectro  que habita dentro de mi oreja derecha. Él nunca duerme, desayuna y come cereal con avena.

Es posible que las cosas en un sitio como éste; cambien, se modifiquen, se transformen, se vuelvan a escribir. Siempre y cuando las turbinas del destino no me suelten.

En un arremolinado laberinto vive mi personaje favorito; la locura, pues trata las cosas serias en broma. Es como una diosa concebida del insomnio y la ignorancia que vaga por el mundo acompañada de la red mágica llamado olvido.

Y de alguna manera, cientos de luces tintinean precipitadamente en una lata abierta que se esparce en el manto estelar, en donde puedo escribir los millones de palabras que sean, para que se hagan brillar como si fueran las estrellas.

Me gusta pensar… que puedo hablar con el viento, que puedo escuchar sus ecos y sus recovecos.

En montañas que hacen erupción en destellos de luz sobre las pupilas que después se convierten en ideas.

En nubes que se abrazan y se tiñen sobre lo ancho del cielo.

En pájaros que se dibujan en las paredes y la realidad los extrae de sus muros para hacerlos volar muy muy alto.

Y luego… existo yo.

Soy un garabato al que le gusta mucho pensar en árboles con tronco de hojas secas, que escribe cientos de letras y al mismo tiempo ninguna de ellas.

Tengo el corazón enterrado en algún sitio… Solo que no he podido sacarlo de la tierra. Con un corazón desengañado, con una pericarditis aguda. Sensación que a veces, solo a veces procuro no extender.

Escribo algunas cosas que a muchos no les gusta o que no entienden. Soy, pero no me distingo, y no me disfrazo.

La verdad, es que en un sitio como éste es posible cualquier cosa.

Pero si los sueños que tienen no les asustan... entonces no son lo suficientemente grandes.

Uno de Estos Días, que los Sueños que me Asustan se Hagan Realidad

miércoles, 9 de enero de 2013

Escritorio Informal

A veces pinto cosas como éstas...


 
[2011]

No sabía ni por qué ni cuándo se vino a quedar la Ausencia. Pero esas cosas pasan.

Me distraje en árboles áridos casi muertos que se sostenían de tan solo voluntad.
 
 
 "Había atravesado como una corriente de color
el espacio gris del vuelo de los pájaros"

[Heridas que Vuelan]

Sangra a todo espacio una herida,
se contonea cuanto más esparcimos esperanzas, cuando el impulso nos acabe por cicatrizar.
Ahondo respiros, en mis insectos me arrastra capullos de soledad. 
(Boceto)
El Aleteo de las Libélulas
Éste era un dibujo para un proyecto personal. (por así decirlo).
La Historia trata de una chica que se encuentra dentro de una tina llena de libros.
La historia se lleva a cabo en una habitación vieja y descuidada en la que el personaje nace del capullo de una polilla. La chica se ve envuelta en una serie de acontecimientos en los que se descubre así misma. No sabe qué es, ni a qué llega a este sitio, simplemente se evapora al saber que no era una mujer, sino una libélula.
 
Mujer en el Farol
Como polilla en las farolas, como insecto ciego y atroz! me he quedado quieta para ver, si llega a apagarse la luz.