Vivo en un cohete hecho de periódico
que despega desde huertos de estolas y bufandas de muchos colores que se mueven
cuando el viento sopla por las tardes.
He recorrido grandes distancias,
visitando lugares desiertos e inciertos, de galopes y conciencias al otro lado
de un mar. No importa si es de día o de noche. Puedo viajar con sólo
pensármelo. Haciéndome escapar en montones de constelaciones.
Y aunque viajo mucho… siempre estoy en
el mismo sitio.
Aquí no hay relojes, aquí no existe el
tiempo. Puedo irme y volver en un instante en el que puede parecer largo el
viaje, y sin embargo; puedo tardarme y volver sin darme cuenta.
No hay principios ni fines.
Solo las ganas de conocer lo que hay
después de la constelación más cercana a mis recónditos desvelos.
Aquí no vienen los automóviles. No hay
direcciones ni códigos postales. No hay casas ni señalamientos. No hay farolas
ni antenas. No hay paredes ni anuncios.
Mi imaginación
tiene los pies chuecos, duerme de cabeza y tiene dos ojos de arena.
Mi miedo
es una sombra que se tumba a mi lado. Pero nunca interrumpe mis pensamientos.
Siempre se alimenta de pretextos y no causa espanto.
Mi mejor amigo es un cuaderno con los ojos al revés, tiene dientes amarillos
porque toma mucho café. Tengo un espectro que habita dentro de mi oreja derecha. Él
nunca duerme, desayuna y come cereal con avena.
Es posible que las cosas en un sitio
como éste; cambien, se modifiquen, se transformen, se vuelvan a escribir.
Siempre y cuando las turbinas del destino no me suelten.
En un arremolinado laberinto vive mi
personaje favorito; la locura, pues
trata las cosas serias en broma. Es como una diosa concebida del insomnio y la
ignorancia que vaga por el mundo acompañada de la red mágica llamado olvido.
Y de alguna manera, cientos de luces
tintinean precipitadamente en una lata abierta que se esparce en el manto
estelar, en donde puedo escribir los millones de palabras que sean, para que se
hagan brillar como si fueran las estrellas.
Me gusta pensar… que puedo hablar con
el viento, que puedo escuchar sus ecos
y sus recovecos.
En montañas que hacen erupción en
destellos de luz sobre las pupilas que después se convierten en ideas.
En nubes que se abrazan y se tiñen
sobre lo ancho del cielo.
En pájaros
que se dibujan en las paredes y la realidad los extrae de sus muros para
hacerlos volar muy muy alto.
Y luego… existo yo.
Soy un garabato al que le gusta mucho pensar en árboles con tronco de hojas
secas, que escribe cientos de letras y al mismo tiempo ninguna de ellas.
Tengo el corazón enterrado en algún
sitio… Solo que no he podido sacarlo de la tierra. Con un corazón desengañado,
con una pericarditis aguda. Sensación que a veces, solo a veces procuro no
extender.
Escribo algunas cosas que a muchos no
les gusta o que no entienden. Soy, pero no me distingo, y no me disfrazo.
La verdad, es que en un sitio como
éste es posible cualquier cosa.
Pero si los sueños que tienen no les
asustan... entonces no son lo suficientemente grandes.
Uno
de Estos Días, que los Sueños que me Asustan se Hagan Realidad




